sábado, junio 23, 2007

Desquimales (parte 08)


Los zumbidos intermitentes indicaban que oscuros seres descendían a supersónicas velocidades hacia el sitio indicado. Aves y reptiles ya se encontraban diseminados en torno a la circunferencia trazada en la hierba. El olor a pastizal quemado se había difuminado, los vestigios de la ardua labor se encontraban enterrados, los espectadores a millas de distancia. Espiúridels pululaban en torno a su cabeza, impidiendo en sus aleteos registrar algún sonido que indicase el acercamiento de algún otro ente al perímetro. Las rocas, mudos testigos de la masacre centenaria, descansaban en un letargo majestuoso que servía de guía al resto de los habitantes del páramo.

El incesante aguacero que comenzó a anegar el terreno vaticinaba las ensortijadas conjunciones libradas quien sabe dónde. Cuevas horadadas en la pared de granito a punta de cincel y plájtáj sirvieron de refugio temporal para los desposeídos. Las nubes comenzaron a arremolinarse, tímidos haces lumínicos comenzaron a caer. Las tronaduras se infiltraron entre fuertes vendavales que mecían las hirsutas cabelleras.

Si hubiese sido agua, burbujas explotarían por la ebullición pero la tierra es compleja, los cráteres se abrían sin mayores aspavientos, expulsando incandescentes pero débiles vapores. Las imágenes se repetían una y otra vez, cambiando en c/u el color, la tonalidad de la azufrosa y subliminal descarga. Poco a poco brotaban sedimentos, magmas que al enfriarse se convertían en tornasoles trozos de metal que comenzaron a resplandecer, arrojados a s su suerte en el escenario. Clajinmdiën, el herrero, vaticinó la gloria: Desde aquí saldrán las armas de la victoria. Llegó la hora, le respondió Guáradar sonriente.

La primera sensación del día siguiente fue una suave caricia que pareció recorrer su mano. Junto con ella, la calidez de años añejos y mutilados recorrió relampagueántemente cada centímetro de su oscura piel. En su mente, claramente sintió derretirse algo. No tardó mucho en reanudar el camino. Por largas horas sólo respiró profunda y concentradamente. El aire helado que entraba en sus pulmones a través de su nariz y que salía por donde mismo había ingresado a su cuerpo, pero ya tibio, carente de oxígeno y visible a sus pequeños ojos fue la única preocupación en aquella mente apacible, silenciosa.

En el horizonte más próximo, Kmzshi fulgurante comenzaba a hacer su cíclica aparición y mientras poco a poco los rayos del nuevo astro hacían visible la silueta de las montañas y árboles en el lejano horizonte, un extraño y hermoso insecto se posó delicadamente en uno de sus dedos, justamente el que tenía levantado hacia arriba mientras realizaba sus plegarias matutinas. La búsqueda que había iniciado, al parecer tanto tiempo atrás, al fin comenzaba a tomar forma.

Solo como estaba, como estuvo, como fue y como ahora es y está siendo, no pudo evitar sentir un incógnito escalofrío tras escuchar el repique de algo muy parecido a los tambores que una vez escuchara cuando niño que provenían del corazón de aquella espesa y desconocida masa verde que lo esperaba. Al fin comenzaba a sentir que tenía alguna remota idea de qué significaban esos trémulos pasos. Aquí, se dijo… aquí.
Imagen: Ayer Bajé al Mar (Andrea Ugarte)

3 Comments:

Blogger Remiso said...

no sé porque cuando te leo me da la sensación de estar leyendo ciencia ficción mitologica. Que será ah?-.

4:33 p. m.  
Blogger Remiso said...

yapo actualiza.

12:27 p. m.  
Blogger huitrandearezou said...

Volvió para quedarse ZaraGhura?

1:43 a. m.  

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